Olga Rodríguez “los periodistas deberíamos ser un poco antropólogos del presente”

14 jun

[Entrevista a Olga Rodríguez por Isabel Díaz Marín]

Olga Rodríguez es una periodista que cree en el periodismo  de verdad. Uno que no da flashes de realidad sino que busca comprender esa realidad para poder acercarla. En su caso  las realidades  más complejas y duras, como lo son por ejemplo, las de Oriente Medio. Y donde las voces de las personas son más acalladas, tras muchos años sobre el terreno una de sus mayores motivaciones es la de canalizar esas voces, y especialmente la voz de las mujeres.(gracias Nora por hacer la pregunta)

Para entender correcta y completamente “El pan de la guerra” ¿qué claves debemos tener?

Bueno el contexto de Afganistán claro, el de antes y el de ahora,  pero no hace falta conocer demasiado. Es una película con una narrativa muy sencilla pero muy acertada. Yo la ví en su día con mi hija que tiene 10 años porque es fan de la película anterior de esta directora “La Canción del Mar”  y  lo entendió absolutamente todo. Es una película que está llena de aciertos, con la misma historia ya se entiende todo.

 Olga Rodríguez
Olga rodríguez junto al cartel de la película

El inicio de la película arranca con un relato que nos irá guiando a lo largo de toda la historia y en el que el padre de la protagonista, Parvana, dice que Afganistán estaba en los bordes de Imperios que combatían entre si ¿es ésta la realidad de Afganistán?

Esa es la realidad de Afganistán desde siempre, en el S.XIX fue un lugar ambicionado por Rusia y Reino Unido, más por Reino Unido, y podríamos decir que estaba atrapado entre esos dos grandes Imperios. Actualmente podríamos sustituir Reino Unido por E.E.U.U. y estaríamos en las mismas. A finales del S.XIX uno de los emires de Afganistán cuando llevaba ya 20 años reinando y después de dos guerras contra los británicos para impedir que se hicieran con el país dijo : no sé cómo este país que es como un cordero atrapado entre dos grandes leones va a poder tener margen para sí mismo. Y es una frase que se podría aplicar a hoy perfectamente.

Es una realidad complicada, y actualmente en espera de unas elecciones que se postponen continuamente,  ¿qué país encontramos?

Es un país que comparte frontera con Irán, con China, y esto no hay que olvidarlo porque es muy importante. Es un país en el que siguen presentes las tropas de la OTAN con E.E.U.U. a la cabeza y en el que algunos de los aliados de Occidente son también criminales como los talibanes, o son también tremendamente machistas, son los llamados Señores de la Guerra. Algunos de ellos están también en el Parlamento, y han sido grupos útiles para los intereses de algunos países Occidentales.

Una de las excusas que se esgrimió para la invasión de Afganistán fue que se iba a liberar a las mujeres, y las mujeres siguen siendo la última de las prioridades. La última prioridad para ese dinero de la “reconstrucción” que más bien es devorado por un agujero negro. Sigue siendo el peor país del mundo para las mujeres. Tiene unos niveles de pobreza altísimos, de analfabetismo, sobre todo para las mujeres, pero también para los hombres. Y lo que supuso la intervención en 2001, y la presencia de tropas desde entonces es que, si invertimos dinero en el camino bélico y no en el de la educación es difícil prosperar.

cartel de la película

cartel el pan de la guerra

Es una sociedad que sobrevive, más que vive. Y las mujeres mucho más, con una feminización de la pobreza brutal, sin ser prácticamente durante años sujeto social ¿qué presencia tienen en el panorama actual?

Hay presencia de mujeres en el Parlamento, aunque son excepciones. En la llamada Loya Yirga, una Asamblea tradicional afgana, donde recientemente se está debatiendo cómo abordar la paz que está negociando E.E.U.U con los talibanes, varios diputados de la Loya Yirga dijeron a varias diputadas, que ellas tenían que estar en la cocina y que qué sabían ellas  de Paz. Las presencias de las mujeres en ámbitos públicos son excepciones y las zonas rurales siguen igual que antes. De vez en cuando hay mujeres conocidas, como recientemente una activista y experiodista, que son asesinadas en público. Y la violencia tanto institucional, como en la casa es elevadísima. La mitad de las mujeres sufren violencia en el propio seno del hogar, el 75% de las mujeres afganas contraen matrimonios forzados y de ellas el 35% son menores de 18 años. Esto ya nos da una idea de cuál es el futuro que le espera a buena parte de las mujeres afganas.

Ahora  que E.E.U.U. está negociando con los talibanes, muchas se han quejado de la escasa presencia de mujeres en esas reuniones. En las que además no se está abordando algo esencial para ellas, como la necesidad de no aplicar determinadas normas impuestas por los talibanes o la sharia.

Por parte de los talibanes esa postura es entendible pero qué pasa con la Comunidad Internacional.

Yo llevo viajando muchos años a Afganistán y cada vez que voy siempre me he encontrado con las voces de mujeres afganas como Masuda Jalal, primera mujer afgana candidata a la presidencia del país, o como Malalai Joya o como tantas otras que dicen: nosotras somos la última de las prioridades. En nuestro nombre se quiso justificar una invasión  y una ocupación. Y se apoya además, a sectores de la población que también son muy machistas. Y a día de hoy se percibe, y los datos lo corroboran, que las mujeres no están entre las prioridades. Las grandes potencias pueden agitar la imagen de las mujeres, pero no están haciendo lo que deberían para que Afganistán tenga el aggiornamento necesario para  luchar por una igualdad de género real y contra la violencia de género que está tan sistematizada.

¿Es esto una dinámica repetida de casi todos los conflictos? ¿Resuena ese  primero lo importante y después lo vuestro?

Sí y de hecho lo vemos en más países, incluso en el mundo árabe y musulmán, que no es lo mismo -sonríe por lo habitual de la confusión- cómo muy a menudo se pretenden justificar injerencias, ya sean militares o económicas, afirmando que es porque son países muy machistas. Como si eso hiciera a una población merecedora de sufrir las bombas que caen sobre ella. Y sin embargo, lo cierto es que luego en la práctica las políticas no van destinadas a la liberación de las mujeres, ni a la de sus  sociedades en general. Si no, a apoyar regímenes autoritarios con tal de que a cambio esos regímenes salvaguarden los intereses occidentales.

Otro de los temas fundamentales de la película es la transmisión de la historia propia y  la explicación de la situación a través de las historias ¿Engancha esto con la labor de las  periodistas  que cuentan estas realidades?

Totalmente, yo apuesto por la palabra. Nada más y nada menos que el relato, la palabra, que tanto se nos quiere quitar frente a un periodismo de enredo que está tan de moda. Yo reivindico el periodismo del relato, de las historias a través de las cuales se puede entender lo que pasa. Yo no puedo explicarte Afganistán, pero yo  te cuento la historia de Malalai Joya: Una mujer joven que lucha contra el patriarcado, que logra romper los muros para que su voz se oiga. Que termina siendo  diputada en el Parlamento, que tratan de asesinarla varias veces, que no se detienen hasta que logran expulsarla y que aun así, sigue. Y vas a entender Afganistán.

A través de las historias se entiende la Historia con mayúsculas. Yo creo que para el periodismo entender que de alguna manera deberíamos ser un poco antropólogos del presente es fundamental. Dice Federico García Lorca en un hermoso verso de Poeta en Nueva en York que “debajo de las multiplicaciones hay una gota de sangre de pato” y se podría interpretar como que detrás de las estadísticas , de los datos, hay personas con nombre, con rostro, con voz , a través de las cuales, sí que vamos a entender lo que nos parece tan lejano. Eso que concebimos como los otros también somos nosotros y además, a través de los otros vamos a entender quiénes somos.

Si metemos Afaganistán en google qué deberíamos encontrar. Ahora mismo solo encontramos noticias de horror, de islamismo radical… ¿es lo correcto porque es lo que hay?

Bueno, hay muchas más cosas claro. Hay historias maravillosas de mujeres desafiando enormes obstáculos con una fuerza increíble. Que son, sobre todo para las mujeres que conocemos Afganistán, una gran inspiración.

Hay que tener mucho cuidado en los relatos, porque si solo contamos a las víctimas, que hay que contarlas y darles voz, pero no podemos hacer una victimización perpetua de todo un pueblo porque nos puede dar una imagen muy equivocada de ese pueblo.

Creo que en google nos encontramos muchas veces con discursos muy uniformes, poca multiplicidad de miradas. Y Afganistán es un país con mucha diversidad con muchas regiones muy diferentes entre ellas, con sus músicas, con sus tradiciones… y claro de eso no vamos a encontrar nada en google.

¿Hay una intencionalidad detrás de esa uniformidad, de esa manera maniquea de buenos y malos?

Sí y de cierto paternalismo también, que creo que es algo que pasa también con los países africanos y con el mundo árabe en general. Una mirada con una superioridad que está ligada a un reduccionismo.

Echar la vista atrás en nuestra propia Historia, con todas la distancias, pero buscando claves para tener una mirada más empática ¿nos ayudaría a entender mejor otros conflictos? ¿es posible acercarlos?

Sí claro que sí, Afganistán es un país increíblemente castigado por las guerras y es incomparable con España. Pero yo siempre pongo el ejemplo de países árabes donde la situación de las mujeres no difiere tanto de la situación de las mujeres durante la dictadura. Aquí tuvimos 40 años de una  dictadura de plomo, que tenía  completamente maniatadas a las mujeres: necesitaban el permiso de un hombre para tener un pasaporte, no había divorcio. En los países árabes, en la mayoría de ellos hay divorcio. Y en muchos casos, por ejemplo en Egipto les resulta más fácil divorciarse a las mujeres musulmanas que a las cristianas.

Tenemos que tener cuidado, sobre todo en estos momentos donde se ha normalizado tanto el discurso xenófobo y de extrema derecha, y no vincular el machismo con una etnia o con una religión. Porque hay muchos factores que conducen a  una sociedad a situaciones límite para las mujeres y los fundamentales son los políticos, los económicos y los sociales.

Mientras haya los niveles de pobreza que hay en esos países, y que muchas veces son intervenidos por Organismo Internacionales que fomentan privatizaciones masivas, despidos masivos, recortes en servicios públicos, etc. que tienen regímenes autoritarios apoyados por las mayores potencias del mundo, se genera el  peor de los contextos para que se produzca un avance en los derechos de las mujeres. Y en ese sentido por ejemplo en Egipto, que es un país donde trabajo mucho, siempre digo que es un espejo exagerado de lo que pasa en España. Cuando hablan por ejemplo de la corrupción urbanística, que por las cifras tan elevadas son incomparables con España pero hay similitud. Y con respecto a las mujeres, tenemos que recordar que no hace tanto aquí las mujeres estaban muy maniatadas porque había un contexto sociopolítico muy determinado. Y en muchos países, incluido Afganistán, las mujeres estaban mejor que ahora.

Bibliografía:

  • Aquí Bagdad. Crónica de una guerra (Editorial Velecío, 2004).
  • José Couso, la mirada incómoda (2004), como coautora.
  • El hombre mojado no teme la lluvia. Voces de Oriente Medio (Editorial Debate, 2009).
  • Yo muero hoy. Las revueltas en el mundo árabe (Editorial Debate, 2012).
  • Karama. Las revueltas árabes (Editorial EnDebate, digital)

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