Agnès Varda o la mirada pertinente

17 jun

[Entrevista a Luisa Etxenike por Isabel Díaz Marín]

Ver “Caras y Lugares” de Agnès Varda ha sido un regalo desde los créditos. Hablar con Luisa Etxenike sobre este “verso suelto antisistema” (así la han llegado a calificar) una oportunidad para conocer más de esta particular mirada Varda. Y de la suya propia sobre cuestiones que considera clave, como la  necesidad de llevar “lo que sucede con la condición femenina al centro del debate democrático”.

¿Por qué esa predilección por Agnès Varda? ¿Qué te parece tan destacable de ella?

La movilidad de la mirada, una artista que evoluciona, que tiene temas o ángulos de predilección y que sin embargo va cambiando, buscando formatos distintos. Metiéndose en temáticas distintas. Así que, la reconozco en sus películas, y al mismo tiempo siempre propone una forma de novedad. Hay la mirada y la voz Varda, como hay el estilo Duras, y sin embargo siempre está proponiendo ángulos insólitos para su propia obra.

Luisa Etxenike

Y hay otra cuestión, para mí muy importante, es que esencialmente su trabajo documental, que creo que es donde ha desarrollado su talento de modo muy especial, tiene siempre una pertinencia extraordinaria. Donde pone la mirada están las interrogaciones que tenemos que hacernos siempre en nuestro tiempo, y con esta última película, está claro. Todas las interrogaciones que plantea son, las de nuestra vida individual y las de nuestro tiempo colectivo.

Ella, que parece escapar de las etiquetas, dice: “más que en un cine feminista creo en un cine radical y libre”. Y además con respecto a esta película con la que pretende, poner en valor a gente que no tiene poder, etc. también dice querer “combatir la idea de lo que corresponde”, compartiendo proyecto con una persona mucho más joven que ella. ¿Qué opinas sobre esto?

El término radical es un término a un nivel menos connotado, y que de alguna manera nos invita ya a la trasgresión. Y para un artista la trasgresión no tiene que ser solo temática, por ejemplo, en sus películas no hay escándalo visual o discursivo. Sin embargo hay radicalidad, que es como un filo. Yo diría que la radicalidad está en el filo de esa pertinencia. Nos obliga a mirar cosas. No puedes pasar, no puedes seguir sin ver, sin preocuparte por esto. Yo veo así la radicalidad. Radicalidad también en el sentido de aglutinar temáticas. Por tanto no desconecta la cuestión de género, de la social, o la de la pobreza, o el medioambiente, etc. Es una mirada que no crea compartimentos, sino que lo ve de una manera global e integradora.

Hay otra cuestión, y esto es más mi percepción, cuando ella habla de la radicalidad que ella atribuye a lo insólito, a lo que no “se espera de mí”, creo que hoy en día luchar contra los fatalismos es una posición política fundamental, radicalmente fundamental. Se nos construye un mundo en el que estamos como representando un papel, la tecnologización, el hiperconsumismo,… nos crean una especie de destino como ciudadanos. Y también esa idea del destino, y de lucha contra el paso del tiempo en la que estamos como continuamente siguiendo una especie de fatalismo, en ese sentido, eso inesperado de su propuesta forma parte de esa rebeldía contra esos determinismos, y creo que eso es lo que la hace también radical.

Podríamos decir, que somos dueños de la escritura de nuestra propia vida, y eso no solo me parece un pensamiento estimulante sino que creo que es un lema político de primera necesidad.

Luisa Etxenike en el coloquio

Dice también que el origen de la comprensión para una cineasta es el documental, ¿ y para tí cómo escritora?

Yo tengo en ese sentido una posición diferente. Lo que hace Agnès Varda es introducir la imaginación, la forma, la estructura artística dentro del pulso vivo de la realidad. Es lo que ella llama documental, pero que en realidad es más que un documental, porque hay elementos de imaginación, y porque en la medida en que intervienes, decides si será este encuadre o no, ya estás creando sobre. Pero ella introduce elementos que están tanto en la composición como en el alma misma de la obra de ficción en ese pulso de la realdad.

A mí, casi podríamos decir que me interesa lo contrario. Me interesa ficcionalizar la realidad porque creo que ese es un espacio de libertad, en el que las cosas no están hechas, las cosas no simplemente hay que mirarlas, sino que las puedes realmente crear. Es una especie de búsqueda de una verdad, o de una dimensión de la realidad que solo se puede ver fuera de ella. Mis libros están conectados con problemáticas sociales, incluso hechos históricos precisos pero siempre desde una ficción. Que me parece el espacio de una búsqueda y de una libertad, no me siento constreñida por una fidelidad a las cosas tal y como fueron, si no que busco la verdad del sentido. Hay una cercanía y al mismo esa libertad para que sea lo que creo que tiene que ser la literatura y el arte, un laboratorio, una especie de multiplicación de hipótesis, no solamente las realizadas, sino sobre todo, las no realizadas.

En uno de tus últimos artículos (sin micro*) hablas de la “falla” frente a la “brecha” de género y dices que el machismo es “el error más terrible de lo que denominamos democracia”

Lo creo, y además como estrategia para combatirlo yo soy feminista y lo digo sin ninguna provocación. Soy feminista como es feminista la Constitución española y como lo son las legislaciones de cualquier Democracia. Es decir, ser feminista es sinónimo de Democracia. Y creo que a veces desde el feminismo, perdemos esa perspectiva. Yo llevaría la cuestión de lo que sucede con la condición femenina al centro del debate democrático, no es una cuestión de ser feminista o no, sino, de ser demócrata o no. Si estamos viviendo en democracia, que promulga la igualdad, etc. entonces sacar las cuestiones que nos afectan a las mujeres de ese ámbito, es un error de estrategia colosal.

Cuando alguien me pregunta, ¿es usted feminista? digo qué pasa ¿qué usted no? si no es feminista se está colocando en una postura que no solamente es inmoral, sino ilegal. Y eso es lo importante para mí, la condición femenina, es la “prueba del algodón de la democracia”, de calidad de la democracia. No un asunto de cómo se sitúan las mujeres con respecto a los hombres. Y hay que llevar el debate ahí. Porque qué significa que un país se acepte un 20% de desigualdad salarial durante…siempre. Significa que estamos declinando mal, antidemocráticamente nociones como la justicia, la igualdad, etc. Por tanto, es una cuestión de democracia. Creo que debemos introducir la condición femenina como uno de los elementos clave del barómetro democrático de una sociedad.

* Artículo “Sin Micro”

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