Mauge Cañada: “Ser felices, a pesar de tantos y tan reales pesares, es de lo más revolucionario”

22 jun

Mauge Cañada durante la 26 Muestra de Cine y Mujeres de Pamplona

Entrevista a Mauge Cañada, psicóloga, en 26 Muestra Internacional de Cine de Mujeres de Pamplona (Película ‘Historias que só existem quando lembradas / Historias que sólo existen cuando son recordadas’ de Julia Murat, Brasil-Argentina-Francia, 2011).

Mauge Cañada. Licenciada en Psicología clínica. Postgrado en Mediación y Resolución de Conflictos. Diplomada en Psicoterapia Humanista, Experta en Acompañamiento y Facilitación de grupos , Formación en Sociocracia.

[Entrevista y foto por: María Castejón Leorza]

Acabamos de ver la película ‘Historias que sólo existen cuando son recordadas’ de la cineasta novel Julia Murat. ¿Qué tiene que tener una historia para ser recordada y por lo tanto revivida?

Toda historia vivida en algún momento va a ser recordada. En la película creo que hace referencia a lo que muestra a través de la presencia de lo viejo, lo que esta perdura; los objetos, las personas ancianas o los edificios con las señales del paso del tiempo. Hay un presente habitado por muchos pasados. Todos los elementos están vivos, las casas habitadas, los objetos en uso y las personas ancianas siguen activas en su labor. Es la mirada joven la que necesita las historias que otras recuerdan para entender el mundo que se presenta ante sus ojos. Los recuerdos hacen presente por un instante aquello que ya pasó.

El registro y punto de vista desde el que está narrada la historia es cuanto menos poco habitual en las películas de ficción. ¿Qué destacas de la narración y de sus formas?

Nos presenta a los personajes a través de los actos que sostienen día a día. Nos acerca a ellos de una forma naturalista. Es así como nos aprendemos, contemplando la faceta que podemos ver y/o compartir de otro ser humano. Creo que hay una intención sutil de querer desnudar la existencia, el vivir, y de compartir su visión de la “esencia”. Nos coloca en el contraste de la ancianidad sólida de Magdalena y la juventud creativa de Rita. A través de su relación nos invita a reflexionar sobre ¿el sentido de la vida?

En cuanto al ritmo y el silencio de las palabras, deja más visibles los actos y el escenario donde todo transcurre. Deja que sean ellos los que nos cuenten las historias.

La película se construye de forma especial en su primera mitad de rituales cotidianos realizados con pausa y en silencio que tienen más connotaciones del pasado que del presente. ¿Es posible el silencio en la sociedad actual?

En la sociedad es difícil, pero siempre están disponibles los momentos de silencio, de sosiego, de interiorización. Lo que ocurre es que tienen que nacer de un acto de la voluntad, hay que querer buscar activamente esos momentos.

Una de las miradas destacables de la película es el personaje de Magdalena. ¿Qué lectura nos puedes hacer del mismo?

Quizá lecturas distintas. Es una mujer que se sostiene apoyándose en las rutinas cotidianas. Está al final de su vida, envuelta en la soledad y en la nostalgia que le produce su marido muerto: Pero aún así saborea sus días. Cuida su amistad con Antonio a través de los pequeños rituales que repiten día tras día. Como hacer el pan. No le gusta, pero lo entiende como la función necesaria de ella dentro de su pequeña comunidad. Es una mujer que teme la muerte, pero deja que fluya la situación que ella sabe que la lleva allá. Se desnuda ante la cámara de fotos, dejando brotar de su interior en el último día de su vida la belleza que fue, el gesto de quien se sabe valiosa.

Rita es la joven fotógrafa que de forma casual llega a Joutomba, el pueblo imaginario. ¿Qué crees que busca?

Da la impresión de ser una proyección de la propia directora. Creo que ella no sabe lo que busca, sencillamente contempla. Crea imágenes de lo que hay alrededor, busca una belleza escondida y olvidada, y busca… ¿Quien sabe?

La película cuenta no lo que busca, sino lo que encuentra: esa pequeña comunidad que le quiere dar un lugar en el mundo, una función que hacer, un continuar en el fluir de Jotoumba.

La película de Murat tiene una gran carga de arte y de poesía visual. ¿Los necesitamos más que nunca?

Para mí sí. El arte, la poesía, son lenguajes profundamente humanos. Son los lenguajes que buscan expresar lo inexpresable, trascender lo aparente para revelar y acercarnos a la Belleza. En contraposición a la dureza de estos tiempos que también podemos llamar fealdad. La fealdad de sistemas y personas que hacen de su beneficio el eje del mundo, que nos inundan de palabras, de ficciones, de miedo, para afirmar un poder que no sirve. Que no sirve para esta humanidad que se sueña a si misma enraizada en la libertad, la bondad, la solidaridad, en la felicidad compartida.

¿Qué puede aportar el cine a estos tiempos tan oscuros que vivimos?

Contar las historias invisivilizadas, contar aquellas cuestiones que de verdad importan y divertirnos! El humor es una joya necesaria. Crear imágenes que ofrecen profundidad, humanidad, posibilidades. Relativizar. Mostrar otras realidades de las que podemos aprender, o con las que discutir un rato. Me gusta la imagen de que en tiempos oscuros se saben encender linternas, velas, candiles y enfocar hacia las sonrisas en tantas y tantas personas. ¡Ser felices, a pesar de tantos y tan reales pesares, es de lo más REVOLUCIONARIO!

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